El secreto para poder decir lo que piensas

¿Te resultan familiares algunas de las siguientes situaciones?

  • Estás en la tienda y la chica de atrás se pone delante de tí con una sonrisa. Dice que tiene prisa y que lleva solo «un par de cosas». Tú también tienes prisa pero por evitar un mal momento y no discutir, te quedas en silencio, sonríes y esperas a que termine.
  • Estás en casa, ha sido un día largo y no te apetece para nada salir del sofá. Suena el teléfono y tus amigos te dicen de salir a tomar algo. No tienes nada ganas pero al final acabas aceptando y vas con la convicción de que lo estas haciendo «por cumplir».
  • Estás en una reunión y hay un debate sobre un tema. Uno de ellos está expresando una opinión con la que tu no estás de acuerdo. Parece que algunos están de acuerdo con lo que dice. Prefieres no expresar tu opinión y te callas para no desentonar. 
  • Estás en el bar o en un restaurante y el camarero te trae la comida con el ingrediente ese que pediste que no le echaran. No le dices nada mientras le cuentas a tus compañeros que te ha traído la comida con el ingrediente ese que tanto odias.
  • Tu hijos acaban de salir de la ducha y te han dejado todo patas arriba. Las toallas por medio y el suelo mojado. Le has repetido tantas veces que deben recoger y no te han hecho caso que optas por recogerlo tu misma.

Estas situaciones se repiten continuamente en la vida de las personas. Tenemos respuestas pasivas en la que no sabemos decir que no, tenemos miedo a dar nuestra opinión o no ponemos límites a las conductas que los demás tienen con nosotros (Como el ejemplo de los niños y el baño).

Cada vez que aceptamos este tipo de situaciones estamos dañando nuestra autoestima y perdiendo el respeto por nosotros mismos. Cada vez que no decimos que no, que no expresamos lo que sentimos o que no ponemos límites, estamos poniéndonos por debajo de la otra persona.

De igual forma ocurre cuando actuamos en el polo opuesto, desde la agresividad. Es por ello que debemos abordar una tercera forma de responder mas eficiente y constructiva, la asertividad. 

¿Qué es la asertividad?

Podemos definir la asertividad como la capacidad para defender nuestros derechos y expresar nuestras opiniones, gustos e ideas sin agredir a nadie y sin permitir que nos agredan. Es una forma de comunicarnos basada en el respeto por uno mismo y por los demás.

En los años 40 Andrew Salter definió la asertividad como un rasgo que algunas personas poseían y otras no. Mas tarde Wolpe (1958) y Lazarus (1966) añadieron que la asertividad era la cualidad para expresar los derechos y sentimientos personales. Hallaron que cada individuo puede ser asertivo en una situación y totalmente ineficaz en otras. Además descubrieron que la asertividad esta íntimamente desarrollada con la madurez emocional, la autoestima, la confianza y las habilidades comunicativas.

Por tanto la capacidad para comunicarnos asertivamente es algo que se puede entrenar y desarrollar. 

¿Y yo cómo soy?

Para englobar todo lo expuesto hasta aquí vamos a definir los tres tipos de estilos básicos de conducta que existen:

  • Estilo pasivo: No defienden sus intereses, no expresan sus opiniones y sentimientos y creen que los demás tienen mas derechos que ellos mismos. (Yo pierdo, tú ganas)
  • Estilo agresivo: Creen estar por encima de todo y de todos, no tienen en cuenta ni los sentimientos ni las opiniones de los demás. Insultan, gritan, agreden… (Yo gano, tú pierdes)
  • Estilo asertivo: Estilo que busca que ambas personas ganen.  Respetan a los demás y se respetan ellos mismos. Buscan encontrar siempre una solución común. Expresan su opinión, ideas o creencias sin ofender a los demás. Son auténticos, claros y concisos. No hablan si no es necesario. (Yo gano, tú ganas)

Pautas para ser asertivos

Voz, expresión y postura relajada: Es primordial para crear un contexto de comunicación asertivo. Debemos expresarnos de una forma clara y concisa pero también de forma natural y relajada.

Pon límites: Muchas veces sentimos que no estamos siendo respetados por nuestro interlocutor. Poner límites a los comportamientos que nos hieren o ser fiel a nuestros valores es una herramienta potentísima para desarrollar nuestra autoestima. Dí no si es lo que sientes. Respeta tus tiempos, opiniones y valores y se fiel a tí mismo. Exprésalo siempre basado en el respeto.

Entiendo que tengas prisa pero yo estoy en la misma situación. Prefiero que sigas con tu turno en la cola.

Haz referencia a los hechos y no a los juicios: Al  hablar de hechos objetivos evitamos que el interlocutor se sienta juzgado o atacado. Ademas favorece la comprensión de lo que estamos relatando. Hablamos de hechos medibles, observables o tangibles.

Hecho objetivo: «Has dejado las dos toallas en el suelo y no has fregado el agua de la ducha»

Juicio: «Has dejado el baño patas arriba»

No uses la palabra «tú»:  Evitar referirnos al interlocutor por tú (tú no me entiendes. tú no sabes nada, tú no me hiciste caso…) y optar por usar «tí» ayuda a la comprensión del mensaje y evita que el interlocutor se sienta ofendido, atacado o incomprendido. (Pensé que me entenderías, Creí que lo sabrías, quería que me hicieras caso…)

Describe como te sientes: Describir tus sentimientos es una excelente manera para que  el interlocutor empatice contigo. Además ayuda a que este no se sienta señalado o atacado.

Estoy triste porque pensaba que iríamos al restaurante que me comentaste

Debes amoldarte al nivel de comprensión de los demás: Explica que piensas, tus ideas u opiniones dejando claro la idea principal de tu pensamiento y poniendo los ejemplos necesarios para ser comprendidos. Añade motivos a tus peticiones

Defiende tus puntos de vista sin imponerlos: Expresa tus puntos de vista, opiniones o gustos siempre desde una intención positiva. Exprésate con el objetivo de dar tu opinión o punto de vista siendo fiel a tus valores.

Calla si no tienes nada que decir: La comunicación asertiva implica ser autentico contigo mismo, di que sientes, piensas si así lo sientes pero no te veas forzado a hablar o expresar algo que no sientes porque ya no estarás siendo fiel a ti mismo.

Está permitido el enfado o sentir ira: Muchas veces se piensa que tener un estilo asertivo implica no enfadarse nunca. Nada más lejos de la realidad.  Podemos sentir ira o estar enfadados y expresarlo. Para ello debemos tener en cuenta que es imprescindible que nuestro discurso este basado en el respeto hacia ti  y hacia los demás.

Cómo dar el mensaje perfecto

  1. Los hechos. Describe las conductas o los hechos observables, medibles o tangibles. Esta conducta o estos hechos pueden ser tanto positivos como negativos (Dar un mensaje de felicitación o dar un mensaje para mejorar).

    1. Te has ido sin hacer la cama los últimos tres días.

    2. Hoy has hecho todos los deberes

  2. Tus sentimientos. Explica como te hace sentir esa conducta o esos hechos. Se claro, conciso y mantente calmado en tu discurso.

    1. Estoy muy enfadada.

    2. Estoy muy orgullosa por tu trabajo

  3. Las consecuencias. Explica las consecuencias de esos actos y la repercusión que tienen sobre tí mismo o sobre tu equipo (en el caso del trabajo)

    1. porque da la sensación de que no colaboras en casa.

    2. Ahora podrás jugar el resto de la tarde

  4. La solución. Sugiere soluciones. Describe los cambios que esperas obtener con el cambio de conducta. Esto induce al interlocutor a tener una actitud proactiva con el objetivo de obtener resultados mejores.

    1. Si haces la cama tendré tiempo para hacerte ese desayuno que tanto te gusta

    2. Si sigues así podremos salir al parque por las tardes

 

Tener un estilo asertivo no solo nos ayuda a comunicarnos sino que es una técnica fabulosa para mejorar nuestra autoestima y conocer mejor quién somos, qué queremos en nuestras vidas y qué no queremos.

 

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